lunes, 21 de septiembre de 2015

miércoles, 16 de septiembre de 2015

efímero



y existe un lugar donde la naturaleza es tan pura que da miedo tocarla por si las olas se cuelan entre los dedos y el aire cae al vacío
y existe




jueves, 10 de septiembre de 2015

y lo lleno de color

¿y qué pasa si llueve? me encantan los días de lluvia... sé que lo han puesto para mí como un lienzo en blanco donde caben todos los colores  ¿qué tal empezarlo así?  ¡buenísimo comienzo!



















miércoles, 9 de septiembre de 2015

me enseñaste



 Me enseñaste a amar la botánica, el olor y las propiedades de las plantas, aún recuerdo ese gran tratado de plantas medicinales que siempre tenías sobre tu mesa y que me encantaba abrir y leer.
Me enseñaste la valentía en su estado más puro, la importancia del trabajo bien hecho y de una sonrisa... siempre. Me enseñaste a que en esta vida todo tiene una gama de grises.
Quizás se te olvidó enseñarme a valorar lo que más importa, porque frente a tus ojos diste por sentado que ya lo hacía. Te echo de menos, tal día como hoy ya echo de menos tu ramo de flores de mañana. Ahora sonrío y puedo dar las gracias por haberlo tenido y tu llamada impaciente por si me había llegado.
Pero me enseñaste el valor que tiene la vida, el valor de las pequeñas cosas y de vivir bajo mínimos sin decir ni una palabra, porque "¿para qué...?" decías... (siempre con una sonrisa) y ahora me doy cuenta que quizás me enseñaste a algo más que a quererme, a algo más que a sonreir. Quizás, mi mejor regalo, sea la herencia de tu fortaleza.









                                                                      gràcies

el color


¿Qué haría yo sin el color? Soy así, en color, como el detergente, aunque me guste el B/N, aunque quiera poder hacerlo, pero soy color, y luz, y saturación y sobreexposición. Y te dejo un sofá para que disfrutes con ello y una habitación de hotel con vistas a la plaza.



















salir corriendo



Salí , con la cama deshecha igual que mi cabello, y no me reconocí en el cristal del escaparate cuando al fin dejé de correr. Había dejado tu ventana abierta, abierta al olvido, a los celos, a la escasez de detalles, a la falta de confianza, al viaje sin pasaporte y sin billete de vuelta. Ya no podría llamarte, ni entrar de puntillas para despertarte... y seguí corriendo hasta que mis piernas desfallecieron. Solo entonces recobré el sentido, miré al cielo, estaba amaneciendo.










Y amaneció, y sólo entonces supe que debía volver.